domingo, 4 de enero de 2009

Sobreviviendo al cole: Producto agustino (parte I)

Esta última semana del año, me he dado la primera borrachera del 2009 al mismo tiempo que , como nunca, disfruté plenamente del sol , la pegajosa arena, y del turbio mar de una playa del Sur. Asimismo, tuve tiempo para pasear por el Boulevard de Asia y hacer una parada en Naná (amé el helado de Pistaccio) con unos amigos. Justamente, entre el grupo de amistades que nos reunimos , estábamos 4 mozalbetes que cursaron la etapa escolar en el bian amado colegio San Agustín de Lima, de donde salieron personalidades como Pérez de Cuéllar y Bayly (para que lo sepan lerolero).


Era evidente que el tema preferencial de nuestra conversación sería el colegio, ya que es un elemento que tiene pizcas de todo; ahí se han mezclado desde los sentimientos más benévolos como la amistad sincera, hasta el desprecio más profundo por algún compañero que nos hizo la vida imposible.
A pesar de que no todos éramos de la misma promoción, compartimos vivencias similares porque en los buenos tiempos del cole (....hasta hace como 4 años), lo que lo caracterizaba eran dos cosas: su sentido religioso (como el aprendernos de paporreta el Credo...!!! y memorizar versículos) pero sobretodo se caracterizaba por su rígida disciplina, que incitaba a cometer atropellos y toda clase de rebeldías.


Sonará increíble pero había una especie de placer al sentir que estábamos infestados de reglas, como por ejemplo tener que ir con el cabello súper corto tipo militar ( que cuesta 5 soles:) o en el peor de los casos sino querías desahacerte de la cabellera podías optar por un nada fashion estilo honguito -y que además resultaba económico pues también se llama corte tazón.Ay de uno si iba con las patillas largas, te las verías con un buen jalón que te haría ver más que a Judas Calato, a Monique Pardo calata. Además de ello, cabe recordar a aquellos maestros que ostentaron el cargo de subdirectores como el profesor Pérez Vargas que realmente era una mixtura entre el Profesor Jirafales, Elmer Gruñón y un cachaco del Leoncio Prado. Semejante especimen producía un temor absoluto incluso entre los más bravucones de 5to de secundaria, con quienes realmente se mostraba como un profesor amigable que sólo se ponía un disfraz diariamente para imponer respeto. Otra respetable señora de este clan fue la queridísima "miss" Consuelo .... simeplemente bárbara con su cabello bien peinado al estilo lengÜetazo, su cuerpito de metro 55, y sus imponentes senos encopetados, que seguramente en otra época fueron objeto de lujuria juvenil. Ella ha sido la reseña más presente que tengo en mi memoria de lo que se llama protocolariedad, es decir, todo debía seguir el orden interno y zanseacabó. Por eso, cuando me dieron mis ataques de rebeldía gracias a mi amigo Manuel ella puso el grito en el cielo... Recuerdo tan claramente cuando nos pintamos un mechón rubio y escribimos un libro llamado las Porquerías de la Vida. Horrorizada ante esto, nos sacó del salón y decomisó nuestra creación recomendándonos que mejor escribiéramos sobre las flores y que Jesús nos ama y bla bla. Personalmente, tomé ese incidente como un triunfo ante lo que había sido una vida de ser el chico tranquilo, estudioso y que no mata ni una mosca.

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