La nostalgia me invade jodidamente. No puedo creer que ya tenga 26 años y a pesar de ello, mi alma quiere vivir enclaustrada en mi niñez. Es algo que trato de superar, pero no consigo.
Debería aprender a ser maduro, pero no sé interpretar si la madurez es un estado mental o actitudinal. Realmente lo desconozco porque me es más fácil quedarme encerrado en mi ataúd dependiente delos demás, victimizado. Un rol de crucificado moderno y de “princesito” que no puede valerse por sí mismo. Y pensándolo dos veces, muchas veces he cumplido ese rol tratando de adaptarme a los demás por conveniencia o necesidad. Muy poca gente conoce mi yo real - como creo le pasa a gran cantidad de personas.
Y es que los años pasan y no en vano. Podrán decir que aún soy joven con 26 años pero una vez más, la edad no es un estado físico sino mental que indirectamente refleja cuán bien estás contigo mismo. En mi caso, llevo una vejez con piel lozana.
Me gusta mi profesión pero no la amo, y en este punto de mi vida no sé cuál es el camino a seguir. Podría hacer como muchos que siguen paralelamente sus hobbies (no dicen que los exitosos podemos hacerlo todo) pero no tengo ni fuerzas para eso.
Empezar de cero sería una opción pues siento que tengo muchos demonios internos que limar desde la raíz para poder avanzar, y es ahí cuando me cuestiono en qué momento uno de ellos me hizo virar del camino al que estaba acostumbrado. Cuándo fue que el cálido, sumiso y estudioso niño se transformó en literalmente el tipo de persona que soy, aquélla que no es la mejor de todos los universos posibles en los que pude haberme hallado; que por momentos pierde los escrúpulos y muestra su daga de humanidad viperina de la manera más sutil. Alguien que por momentos pierde el control en el libertinaje y la sexualidad desenfrenada (paradójicamente voy a ser infectólogo).
Y a pesar de todo, realmente tengo suerte porque no me va mal: y como dice mi padre “Dios le da barbas a quien no tiene bigotes” No sé aprovechar la suerte; y la llamada inteligencia que poseo. La vida desenfrenada, de lujos, de neón, una vida plástica, de falsas alabanzas: No es lo que quiero para mí.
Ya hace un tiempo mencioné que me bastaban por el momento. Pero ese momento hasta cuándo se prolongará. El vacío de no saber quién eres, o cuál es tu misión. La pesadumbre de levantarte cual autómata y preprogamado a cumplir con un rol, sin corazón, sin fuerzas, teniendo que impostar una sonrisa al mundo cuando lo que quieres es simplemente ahogarte en tus pensamientos. Los amigos pueden ayudarte mucho con sus palabras, pero finalmente la decisión viene de uno.
Añoro demasiado, volver a la infancia donde creo que pude haber cambiado mi destino. Rehacer mi etapa escolar y vencer el sueño recurrente que tengo: despertarme y saber que no acaba. Y no sólo eso, vencer mis vicios, vencerme a mí mismo como ente de mi gloria o indefectible autodestrucción. Es hora de revolucionar mi propio mundo, así me cueste y le cueste al resto de ataúdes del mundo. La esencia no se puede perder, el corazón verdadero y no cobijado en una caja de cristal es el que debe prevalecer. Se dañará en el camino, pero durará. Porque al final del día, las cosas reales son imperecederas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario