
Por qué será que todos caemos en las redes maléficas del ser codificados y sentenciados a un estereotipo o a un grupo en especial, o más bien nos sentimos tentados por la ilusión de algún día ser catalogado como perteneciente a una élite a la que desesperadamente pugnamos por ingresar?
Esto es algo que sucede en la vida a diario, y de nuevo es algo cotidianamente tácito. Desde que nacemos salimos con un sello que nos cubre pero no de manera imborrable , sino temporal, todo el ser. Pej. naces en la punta del cerro y te llamas Mijael Mamani, tus padres ganan máximo 200 soles mensuales, y por ende eres catalogado como alguien que no tiene un futuro provisorio en estos lares. Seguro los que te vean por las calles de la fría, clasista, y "políticamente correcta" Lima te dirán,... ah mira.. es uno más del montón, seguro será mi guachimán algún día, tendrá mil hijos con la empleada(con el perdón de mi empleada.. Sra Nora :) ) de la esquina, y sólo joderá al país. En cambio, si tuviste la dicha (dizque.. nomás en Perú y países con mente retrógrada) de nacer en cuna de oro, y tu familia es Montes de Oca , tu madrina es la adorable y emperifollada Pepita Somocurcio Vega de la Torre - Weickermann , ya no debes hacer nada, porque de seguro las puertas se te abrirán de par en par, desde las de las discotecas más fachosas hasta las del bar menos nice de Lima en el que fungirás de gerente.
Esas etiquetas , códigos de carra inscritos en nuestra propia esencia, nos persiguen y se acumulan a través de los años, como la que nos grita.. de que colegio eres? Ay no, ... no conozco ese colegio. Sh Sh .. ese colegio es de putas.. ah.. ni digas.. ese cole se ha choleado mal!... y cosas por el estilo. Llegas a la universidad y la batalla interna que acarreas desde tus épocas colegiales por encajar en un grupo, así sea el grupo de los chicos que discuten consigo mismos, alcanza su cénit. Sientes que es la última oportunidad de entablar las relaciones correctas, aquéllas que usarás en tu favor cuando entres a la vida real, y así podrás ser parte de la "gentita". Y sabes que aunque no quieras la cosa, el sentido de pertenencia , de inclusión , tal y como aprendiste en colegio cuando llevabas matemáticas y veías en la pizarra los círculos que englobaban a diversos números y así formaban conjuntos cuyo valor era mucho mayor al del elemento unitario; ese sentido de "formar parte de" te compele, te obsesiones por momentos pero sabes que es delicioso sentir que integras una comunidad, sea cual fuere el motivo en común.
Es increíble no?, hay etiquetas para las razas, la contextura, el nivel de inteligencia, el nivel socioeconómico, y más de lo que uno pueda imaginar. Pero el ser humano se queda contento con el sello que le toco? Obviamente no, y qué hacemos? Nos burlamos de ese destino que también muchas veces se mofa de nosotros, y por eso buscamos cambiar nuestra etiqueta fallida, por una mejor, una socialmente aceptada muchas veces; mientras que otras optamos por una que nos haga sentirnos únicos porque hemos llegado a la convicción de que podemos ser especiales a nuestro modo.... Lo único que me da miedo pensar, es que hasta qué punto la etiqueta se "come" nuestra verdadera identidad, o es acaso que el ser una etiqueta es quién somos en realidad?
Siento en mi lóbulo frontal el mismo dilema que el huevo y la gallina!!
Esto es algo que sucede en la vida a diario, y de nuevo es algo cotidianamente tácito. Desde que nacemos salimos con un sello que nos cubre pero no de manera imborrable , sino temporal, todo el ser. Pej. naces en la punta del cerro y te llamas Mijael Mamani, tus padres ganan máximo 200 soles mensuales, y por ende eres catalogado como alguien que no tiene un futuro provisorio en estos lares. Seguro los que te vean por las calles de la fría, clasista, y "políticamente correcta" Lima te dirán,... ah mira.. es uno más del montón, seguro será mi guachimán algún día, tendrá mil hijos con la empleada(con el perdón de mi empleada.. Sra Nora :) ) de la esquina, y sólo joderá al país. En cambio, si tuviste la dicha (dizque.. nomás en Perú y países con mente retrógrada) de nacer en cuna de oro, y tu familia es Montes de Oca , tu madrina es la adorable y emperifollada Pepita Somocurcio Vega de la Torre - Weickermann , ya no debes hacer nada, porque de seguro las puertas se te abrirán de par en par, desde las de las discotecas más fachosas hasta las del bar menos nice de Lima en el que fungirás de gerente.
Esas etiquetas , códigos de carra inscritos en nuestra propia esencia, nos persiguen y se acumulan a través de los años, como la que nos grita.. de que colegio eres? Ay no, ... no conozco ese colegio. Sh Sh .. ese colegio es de putas.. ah.. ni digas.. ese cole se ha choleado mal!... y cosas por el estilo. Llegas a la universidad y la batalla interna que acarreas desde tus épocas colegiales por encajar en un grupo, así sea el grupo de los chicos que discuten consigo mismos, alcanza su cénit. Sientes que es la última oportunidad de entablar las relaciones correctas, aquéllas que usarás en tu favor cuando entres a la vida real, y así podrás ser parte de la "gentita". Y sabes que aunque no quieras la cosa, el sentido de pertenencia , de inclusión , tal y como aprendiste en colegio cuando llevabas matemáticas y veías en la pizarra los círculos que englobaban a diversos números y así formaban conjuntos cuyo valor era mucho mayor al del elemento unitario; ese sentido de "formar parte de" te compele, te obsesiones por momentos pero sabes que es delicioso sentir que integras una comunidad, sea cual fuere el motivo en común.
Es increíble no?, hay etiquetas para las razas, la contextura, el nivel de inteligencia, el nivel socioeconómico, y más de lo que uno pueda imaginar. Pero el ser humano se queda contento con el sello que le toco? Obviamente no, y qué hacemos? Nos burlamos de ese destino que también muchas veces se mofa de nosotros, y por eso buscamos cambiar nuestra etiqueta fallida, por una mejor, una socialmente aceptada muchas veces; mientras que otras optamos por una que nos haga sentirnos únicos porque hemos llegado a la convicción de que podemos ser especiales a nuestro modo.... Lo único que me da miedo pensar, es que hasta qué punto la etiqueta se "come" nuestra verdadera identidad, o es acaso que el ser una etiqueta es quién somos en realidad?
Siento en mi lóbulo frontal el mismo dilema que el huevo y la gallina!!
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