SEXO EN MI
CIUDAD: Y... ¿qué somos?
No hay nada peor que un miércoles por la noche en ansiedad.
El miércoles es no ni muy muy ni tan tan; es simplemente un paso en el medio de
la semana. Para eso momentos de ansiedad, nada mejor que una copa de MOËT y la
dulce voz de Edith Piaf con una que otra estrofa de Sabina.
Justamente en este día de miércoles, me dio por recordar de
cuándo se supone que debes esperar
avanzar con alguien. Ha sido una semana de encuentros con ex, nuevas conquistas
frustras y outsiders que han llegado a mi vida.
Solemos depurar rápidamente a los contendientes en base a
diversos prejuicios, quiéranlo o no, que tenemos en mente:”No es mi tipo… es buena pero ahí nomás…. Es medio misio ah…. No tiene
profesión.” Cosa que caen en lo superficial pero que inconscientemente
tienen un peso de nuestro background
familiar y social.
Habiendo escogido salir con alguien, y tras algunas citas
nos vemos envueltos en el ciclo de las bases de las relaciones personales.
Si bien no existen para todas las
situaciones, en términos generales si decides salir suele haber un compromiso
tácito de que existe una atracción, no sólo se va por amistad. Existen tantas bases como movimientos de
avance queramos hacer: primera, segunda, tercera y demás. Uno las valora desde
una simple mirada cómplice que se acompaña de algo de lujuria con unos labios fruncidos
pasando por la clásica caricia camuflada (abrazas o tomas de la mano en
situaciones que te convengan como ayudar a la persona a cruzar la pista o sobarle
el hombro ante un chiste “gracioso”) para luego sumar puntos al oficializar el
primer beso, o la primera relación sexual. Es inherente al ser humano hacer las
cosas lo más perfectamente posible, y el nerviosismo por luchar contra nuestra
humana imperfección, nos sume en la ansiedad. Ansiedad, en líneas generales por
no sentirte suficientemente bueno para ESA persona y he ahí cuando pedimos que
nos repitan cosas que tal vez sepamos de antemano: que somos lindos, que nos
vestimos regio, que somos inteligentes, que somos buenos amantes o que nuestros
besos dejan impregnados un sabor que permanece en los labios tanto como el más
añejo de los vinos. Nos gusta escuchar de alguien más lo grandioso que somos,
todo por recordanos que algo de perfección destellamos, que no nos hemos
equivocado al intentar un match.
¿Cuándo sabemos que es correcto hacer el siguiente
movimiento y cuándo podemos etiquetarnos como “salientes” “pareja” ”amigos con derechos”? ¿Cuánto tiempo debe pasar para lograr dicho
cometido? Si esperas mucho te dicen: “tonto está viendo a otras posibilidades”,
pero si te apresuras te estigmatizan como “necesitado de afecto”? ¿Quién
establece la medida perfecta, para el gusto sin medida?
¿Dejamos que nuestro más Neanderthalesco
instinto deje que las feromonas y la magia de la química actúen, o es mejor
sentarse y calcular nuestras estadísticas de éxito?
Ni lo uno ni lo otro
en extremo están bien. Nadie es dueño
completo de sí mismo y sus emociones, ya que en el menor descuido alguien logra
capturar tus emociones y las hace estallar, una caricia que toque tus lóbulos
dela oreja, las punta de los dedos que desnuden tu espalda, barba que con su
roce te estremezca, o piernas largas como espigas que nunca terminamos de
admirar. Nuestro lenguaje habla por nosotros, nuestra tartamudez nos delata y
hasta el más seguro conquistador o amazona es presa fácil delos nervios. La
torpeza ante la posibilidad de que nuestro plan de conquista falle, nos muestra
como los mayores mortales; pero recuerden que a veces el vernos tontos puede
resultar más que lindo. Suerte en la caza.






